El sector turismo es quizás uno de los sectores económicos más afectados por la crisis del Covid19. A diferencia de otros sectores como la construcción o la manufactura cuya reactivación será de manera progresiva en el corto y mediano plazo. La actividad turística y sobre todo las ciudades de turismo masivo tendrá un horizonte temporal mucho más amplio para su reactivación.

Estas ciudades deberán incorporar en su oferta y en su desarrollo una dimensión adicional de seguridad; aquella que garantice a los turistas una atención inmediata y un proceso de repatriación seguro y rápido en caso de emergencia.

Lo que nos conduce a la necesidad de contar con servcios e infraestructuras optimizadas para asegurar esos transportes aéreos y terrestres.

A modo de experiencia que ilustra estas nuevas exigencias, presentaré el caso del proceso de repatriación de 7.500 turistas que se encontraban en la ciudad de Cusco (Perú), al momento de declararse la pandemia.

La ciudad de Cusco está ubicada a 4.300 metros de altitud y a una distancia aproximada de 1.100 Kms. de la ciudad de Lima, es la segunda ciudad más vivitada del país. A la ciudad de Cusco, debido a razones geográficas, únicamente pueden llegar vuelos de ciertas características (de limitada capacidad de pasajeros), y los trayectos desde la ciudad de Lima duran aproximadamente 1h30 mientras que por vía terresetre el promedio de duración de un viaje es de 18 horas.

Ubicación de la ciudad de Cusco ©Googlemaps

Al día siguiente de la declaración del cierre de fronteras en el país, el Director de la Oficina Desconcentrada del Ministerio de Relaciones Exteriores (ODE) en la ciudad de Cusco, el Sr. Ernesto Reátegui, comenzó a recibir comunicaciones de la sede principal de Cancillería en Lima, para activar procesos de repatriación de un gran número de turistas de diversas nacionalidades.

A raíz de un accidente natural surgido unas semanas antes, en el mes de febrero, el Director de esta Oficina (el Sr. Reátegui) constató que no existía un protocolo de asistencia y atención al turista en caso de emergencias y accidentes naturales. En esa ocasión, en coordinación con la Dirección Regional de Turismo (DIRCETUR) del Gobierno Regional de Cuzco y en coordinación con otras 13 delegaciones consulares presentes en la ciudad conformaron una « mesa de trabajo » cuyo objetivo era elaborar este protocolo. Y es justamente en ese momento en que se declara la pandemia y el cierre de las fronteras.

Este grupo de trabajo, bajo la coordinación del Sr. Reátegui, Director de la Oficina Desconcentrada del Ministerio de Relaciones Exteriores en Cusco ; organizó un « equipo de crisis » al cual se fueron incluyendo diversas dependencias como: la Dirección Regional de Salud, la Administración del Aeropuerto a través de la Coropración Peruana de Aviación Comercial (CORPAC), el Sevicio de Aduanas, Migraciones, la Policía Nacional, el Ejército y diversos representantes de otras instituciones que fueron incluyéndose conforme avanzaban las gestiones de repatraiación.

La primera reacción del Gobierno Regional de Cusco fue la prohibir los desplazamientos. Esto origino una sensación de caos y de pánico entre la gran cantidad de turistas que se encontraban en la ciudad los cuales permanecieron hacinados en cuartos de hotel y albergues. Esta situación llevó al límite las capacidades de las instituciones locales para gestionar todo este proceso, sobretodo porque no había una claridad sobre el rol que debía jugar cada institución en la gestión de la repatriación de todas estas personas.

La representación consular de Israel fue la primera en reaccionar siguiendo procedimientos previamente establecidos para evacuación de sus connacionales en casos de urgencia. A partir de estas gestiones el equipo de crisis generó ciertas pautas y procedimientos a seguir que fueron perfeccionándose con el tiempo. De este modo el equipo construyó sobre la marcha una metodología de trabajo que en futuro deberá servir como base para la creación de un protocolo para atender este tipo de situaciones.

El equipo de crisis logró la rápida adhesión del Gobierno Regional y de esta manera se pudo repatriar rápidamente en la segunda semana a 2.500 turistas y hacia la sexta semana se llegó a la meta de 7.500 turistas. El 85% fue evacuado por vía aérea, a razón de entre 3 a 6 vuelos diarios y el 15% por vía terrestre a razón de 3 a 6 buses que salían diariamente desde la ciudad de Cusco.

La estrategia del equipo de crisis se concentró en dos elementos ; el primero : la unificación de criterios para poder coordinar entre múltiples actores y definir cuales debieran ser los roles que debiera seguir cada uno de ellos y bajo el monitoreo del equipo de crisis.

Organismos que integran el “equipo de crisis”

El segundo elemento fue : la concentración espacial ; generando de esta manera espacios adaptados en el aeropuerto y en el terrapuerto para que los turistas puedan ser controlados y examinados antes de su traslado. De esta manera se evitó la dispersión del personal de salud y de la policia por varios puntos de la ciudad. Optimizando así la capacidad operativa de los controles.

Esta experiencia engloba un alto potencial de inspiración para una reflexión más amplia sobre el futuro de la actividad turística y sobre cuales debieran ser los procedimientos que hoy en día deben implementar las ciudades de turismo masivo para lograr alcanzar los niveles e indicadores que tenían previos a la pandemia.

Destacaré tres orientaciones principales:

La primera orientación es: la necesidad de construir un protocolo de manera colectiva para asistir y dar atención a los turistas. Este protocolo debe considerar procedimientos ; claros, estructurados y orientadores de respuestas rápidas.

La segunda orientación es: contar con una evaluación estricta sobre las capacidades de acogida y de reacción para gestionar casos de crisis. Y de ese modo replantear la gestión del territorio bajo la premisas de : « riesgo de aislamiento » – porque las rutas de acceso y evacuación pueden rápidamente colapsar ante un terremoto o una inundación – ; y de « contar con infraestructuras funcionales » – de servicios como por ejemplo ; la salud, las telecomunicaciones, la distribución de alimentos, etc. y de acceso y logística para poder evacuar un gran número de personas de manera rápida y para eso se requiere de la llegada de vuelos de alta capacidad.

La tercera orientación es: contar con salvaguardas económicas (y financieras) a través de seguros privados, de fondos de inversión autogestionados,… o diversas herramientas que permita a las empresas del sector poder asumir los costos de la urgencia, pero también los costos que implica, la posibilidad latente, de una paralización del sector como lo estamos viviendo en estos días.

En síntesis: se requiere contar con una nueva visión de los servicios urbanos no solo para la población local, sino para ofrecer optimas condiciones al turismo masivo.

Considero que esta experiencia permite vislumbrar escenarios futuros y anticipar respuestas hoy, a exigencias del mañana.

Si usted conoce experiencias similares, ya sea en la forma o en su potencial de inspiración, le pido que tome contacto conmigo en la sección comentarios debajo de este texto o por email, a fin de poder documentar estas experiencias y poder mostrarlas y transmitirlas a través de este medio.

Ciudades turísticas Post Covid19: el caso de Cusco (Perú) y la expatriación de turistas

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